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¿Acaso este Circo es lo que hemos de aceptar como regente Realidad?

Perplejidad, ante todo perplejidad. Eso ha sido esta semana. Nadie puede decir que su boca no se haya abierto de improviso al enterarse de alguno, de los tantos, acontecimientos que han puesto en duda radical eso que decían tantos medios y familiares, eso de que "el mundo está hecho un circo y es muy grave, pero no deja de ser lejano y hasta entretenido". Perplejidad, sorpresas amargas, irresolución, incertidumbre y oscuras sospechas despierta el espectáculo grotesco que difícilmente dejará de crecer en torno nuestro hasta devorarnos también. Es decir, hay perplejidad, hay miedo, aún no parálisis, pero no basta con observar, con reflexionar, con comentar, analizar, colegir, pronosticar, atender las voces sabias de analistas y analistos que fungen como gurús en un juego en el que nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que va a pasar. Sueno exagerado, sé que sueno exagerado, pero miremos algunos acontecimientos destacables de estos seis días, esa semana corta, sobre la que este texto enfoca su atención (sin haber pasado desde entonces ni siquiera una semana completa):

En lunes 23 de febrero de 2026, México aún no salía del estupor (ni de la violencia) causado por la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido en el gremio de los narcotraficantes mexicanos como “El Mencho”, jefe del cartel Jalisco Nueva Generación, enterrado ese lunes en un ataúd dorado. Y no lejos de México, en ese país que se nombra con el nombre de un continente entero, una ráfaga ciclónica obligaba a cancelar miles de vuelos y dejaba a setenta millones de personas bajo alerta. Simultáneamente, el mismo día, Dinamarca y Groenlandia rechazaban la oferta de Trump de enviar un barco hospital a la isla, interpretándola como lo que probablemente era: un primer paso para una presencia militar no deseada. Y mientras tanto, en Ginebra, se inauguraba la sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU con su Secretario General, el portugués Guterres, alertando sobre la "violación a gran escala de los derechos humanos" en el mundo (declaración que escasamente alcanzó a resonar entre las cuatro paredes de aquella sala); al tiempo que Cuba denunciaba la "escalada agresiva" de Estados Unidos, bajo prohibición unilateral de importaciones de petróleo por la potencia del Norte desde inicios de año. El martes 24 de febrero de 2026, el cuarto aniversario de la intervención rusa en la guerra en Ucrania, traía visitas de alto nivel a Kiev, y justificó desde los medios corporativos occidentales la presencia de la presidente de la Comisión de la Unión Europea y de otros irrelevantes e incompetentes líderes europeos en la capital ucraniana, para reafirmar su apoyo en una causa difícilmente creíble, mientras se revelaba, ese mismo día, que una de cada cuatro mujeres que huyeron de Ucrania ha sufrido violencia física o sexual desde el inicio de la guerra (hagamos cuentas: digamos que, en los últimos cuatro años, ha salido un millón de habitantes nativos de Ucrania de ese país; la mitad, aproximadamente, serán mujeres, es decir, quinientas mil. Si una de cada cuatro denuncia lo que denuncia, tenemos que en los últimos cuatro años unas 125.000 han sufrido tales vejámenes. Habría que preguntarse, entre otros cosas, ¿a razón de qué?). Infaltable en el espectáculo geopolítico cotidiano, también Trump hizo su gracia: en Washington, pronunció su discurso del Estado de la Unión (merecería un post aparte tal show), sabiéndose con más del sesenta por ciento de desaprobación, mientras su guerra comercial comenzaba a aplicarse con un arancel global del diez por ciento que sembraba el caos en los mercados. Y en Teherán, pese a las “protestas estudiantiles” (nada raro sería que fuesen financiadas con dinero de la NED y la CIA, y sus anuncios de empleo para potenciales traidores de la sagrada nación persa), el panorama en Omán, en medio de las negociaciones con la contraparte estadounidense, parecían augurar una frágil paz; o al menos la posibilidad de mantener el silencio de las armas por un tiempo. El miércoles 25 de febrero de 2026, la tensión con Irán alcanzó un nuevo punto de tensión con la llegada de doce cazas F-22 a una base israelí, la evacuación de familiares de diplomáticos australianos de Israel y las declaraciones de Trump en Ginebra marcando su "línea roja". El mismo día, Kim Jong Un insinuaba la posibilidad de diálogo con Estados Unidos a cambio del reconocimiento de Corea del Norte como potencia nuclear, mientras su hija adolescente, Kim Ju-ae, aparecía en los actos oficiales alimentando especulaciones sobre una posible sucesión. Y en Cuba, una lancha rápida procedente de Miami intentó infiltrarse en aguas territoriales, sus confiados ocupantes abrieron fuego contra los guardafronteras y fuego recibieron, quedando cuatro de los diez que iban (muy muy bien pertrechados, como preparados para una mini-invasión) secos al sol, con un arsenal decomisado que incluía fusiles de asalto, chalecos antibalas y equipos de visión nocturna. Mientras, en Estados Unidos, el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, dio a la empresa Anthropic un plazo hasta el viernes para abrir su tecnología de IA a un uso militar ilimitado, en el marco de una disputa con el Pentágono. Sin ánimo de hacer spoiler, OpenAI sí accedería a esto, lo que llevo a que miles de usuarios migraran a Claude AI (la ironía de huir de un gigante para refugiarse en otro no parece haberle importado a nadie). Y en el Sahel africano, volvieron las acciones “yihadistas”, es decir, antisoberanistas, es decir, dirigidas a desestabilizar un gobierno que, por más que los medios lo presenten como una dictadura militar, ha sido el primero en años en no ponerse de rodillas ante los intereses de franceses o anglos sedientos de recursos baratos.

El jueves 26 de febrero de 2026, delegaciones de Irán y Estados Unidos se reunieron en Ginebra en un ambiente de "apertura sin precedentes" (palabras del facilitador omaní), mientras Washington imponía nuevas sanciones contra más de treinta entidades relacionadas con la venta de petróleo iraní. El mismo día, Pakistán y Afganistán iniciaban una escalada militar que dejaría decenas de muertos en los días siguientes, y el caso Epstein alcanzaba un nuevo pico con la declaración de Hillary Clinton ante el Congreso y la dimisión de Borge Brende (presidente del Foro Económico Mundial de Davos), por aparecer en los documentos de Epstein. A su vez, en Moscú, Rusia y Bielorrusia se daban cita en una reunión del Estado de la Unión, mientras en Cisjordania (el West Bank) seguían los desalojos forzosos contra población nativa, a manos de colonos israelíes, más sionistas que judíos, armados hasta los dientes, no sólo con fusiles y explosivos, también con retroexcavadoras, para no dejar semilla en tierra. Y en Viena, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes presentaba su informe anual: el mercado mundial de la cocaína es el que más rápido crece, quizá causando que más de un líder occidental, repasando con la lengua sus dientes, se lleve las manos a la cabeza y redacte un próximo discurso sobre los riesgos de las drogas y el narcotráfico. El viernes 27 de febrero de 2026, Pakistán declaró que se encontraba en "guerra abierta" con Afganistán, mientras los bombardeos se intensificaban de parte y parte. El mismo día, Bill Clinton testificó a puerta cerrada ante el Congreso sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein, en una comparecencia de más de seis horas donde el expresidente insistió en que "no vio nada" que le hiciera sospechar de los crímenes del pederasta; y la Universidad de Columbia despidió a varios profesores por sus vínculos con Epstein, entre ellos a Richard Axel, codirector del Instituto Zuckerman, premio Nobel —en su caso de “Medicina”, en 2004, como María Corina Machado (Paz, en 2025), Milton Friedman (Economía, en 1976) o Henry Bergson (Literatura, en 1927)—, que reconoció que su asociación con el agente del M 0 ss 4 d fue un "grave error de juicio". Y mientras tanto, las evacuaciones de ciudadanos extranjeros de Oriente Medio se generalizaron, particularmente en Abu Dahbi, lavadero de plata, hogar preferido de narcos y minimultimilloniarios influenciadores y adictos, adictos ante todo a la evasión de impuestos. El sábado 28 de febrero de 2026 —esta fecha no se olvidará pronto— fue un día funesto, aunque ante tanta incertidumbre, al menos sirvió para despejar ciertas dudas y sospechas. Para empezar (y terminar las esperanzas que había en una resolución pacífica de los conflictos internacionales, así la ONU no sirva ya para nada), Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque conjunto a gran escala contra Irán. El líder supremo, Alí Jameneí, cayó victima de los bombardeos iniciales. Así mismo, más de 160 niñas de una escuela primaria cayeron como mártires en esta guerra absurda y maniquea. La Guardia Revolucionaria respondió con oleadas de misiles balísticos contra territorio israelí y bases estadounidenses en la región (que alcanzaron o alcanzarían unos 14 países, directa o indirectamente, incluyendo Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Baréin, Jordania, Irak, Siria, Italia, etc.). El Partido de Dios libanés (Hezbolá) entró en acción. La Unión Europea, ante estos acontecimientos, aún guarda prudente distancia (que no durará). El pueblo musulmán chií (unos 65-70 millones en Irán, más por lo menos otros 200 millones en el resto del mundo) se prepara para enfrentar lo que llaman y consideran el “Gran Satán”. El caos está servido...

Al repasar lo ocurrido entre el lunes 23 y el sábado 28 de febrero de 2026, me queda la impresión de que lo primero que golpea no es la frecuencia o intensidad de los hechos —reitero: que las hay, y enorme—, sino su capacidad para desordenar cualquier relato previo. No es sólo que hayan ocurrido muchas cosas; es que las que ocurrieron no deberían haber ocurrido todas juntas, o no deberían haber ocurrido así, o no deberían haber ocurrido sin que alguien, en algún lugar, tuviera un plan para lo que viene después. En otras palabras, si esto es un circo, el maestro de ceremonias (en este caso EEUU) no parece demostrar control sobre los actos que, sin pausa, se suceden.

Entre el lunes 23 y el sábado 28 de febrero de 2026, el mundo se terminó de romper de una manera que ya no se puede soldar con los viejos metales (¿será por eso que ahora se necesitan “tierras raras”?). No es que hayan ocurrido cosas malas —eso pasa todos los días—. Es que ocurrieron todas juntas, y en esa simultaneidad mostraron algo que hasta ahora sólo sospechábamos: que el orden internacional no está en crisis, sino muerto. Y lo que vemos no es la agonía, sino la autopsia en directo, con gusanos en lancha incluidos. El mundo liderado por un zombie, en el mejor de los casos... EEUU. atacó Irán y mató a su líder supremo (y a buena parte de su familia, y a importantes líderes militares y, perdón la insistencia, a un montón de inocentes masacradas por el solo hecho de habitar el territorio llamado Irán). Pero no fue un ataque limpio, quirúrgico, de esos que prometen las películas. Es decir, el espectáculo falló, dejó ver sus costuras. Y lo más grave: fue un ataque que nadie supo explicar. Razones han dado los victimarios, razones que varían y variarán aún más, porque no hay horizonte de porvenir en lo que propone el Eje Occidental: la alianza anglosionista seguida por sus vasallos europeos de decreciente popularidad y voraz afán de lucro inmediato. Ni por qué ese día ni por qué así ni qué viene después. El maestro de ceremonias, el que debería controlar el circo (Trump, que lleva ya unos 40 años en la industria del entretenimiento), resultó ser el que encendió la mecha sin saber que el polvorín invocado es algo tan incontrolable como las aguas del mar del Norte o las luces de una fiesta cuando el luminotécnico ebrio ya no busca enamorar a nadie. Pakistán y Afganistán se declararon la guerra abierta. En una frontera que los británicos dibujaron arbitraria y conscientemente hace siglo y medio, los muertos se acumularon como sacos de patatas. El caso Epstein siguió derribando élites: Clinton testificó, Brende dimitió, algunos Nobel cayeron demostrando la falsedad de tal distinción (aunque diría: se salvan aún excepciones). Cuba interceptó una lancha armada procedente de Miami, pero en América Latina todos parecen seguir más pendientes del color de la gorra que use Trump. El Sahel siguió ardiendo. Gaza siguió sangrando. Ucrania cumplió cuatro años de guerra mientras aparenta ser capaz de liderar la industria militar europea (sin llegar aún siquiera a ser parte de le UE, lo que hace pensar que lidera la “unión de Naciones Productoras e Importadoras de Mercenarios”, podría llamarse EUcrania (por encima de Colombia, Filipinas, Malasia o Países Bajos). Y el mundo, ante ese espectáculo grotesco, siguió girando como si nada. Pero lo importante no es lo que pasó. Lo importante es lo que ya no podemos fingir. Y que si no nos organizamos, si no nos damos cuenta de que las pantallas mienten, abruman y nos roban la atención, seguiremos como vacas al matadero, como ariscos corderos que balando creen que así salvarán el cuero. Nada de eso. Mira por la ventana. Olvida este análisis. Besa a quien tengas cerca. La vida migra, está en otra parte; no esperes que alguien golpee tu puerta ofreciéndote lo debes hallar con esfuerzo, por tu cuenta y riesgo. No seas jefe de tu propia empresa. No hay jefes en el caos ni el la incertidumbre, más allá del hambre cuando aprieta o la sed cuando domina. Así es el mundo actual que nos tocó vivir. Quejas: al buzón del Purgatorio. Importante: poner en el “Subject”: “Indiferente comodidad” o, dicho más claramente: “Falta de interés por asumir que mi vida es más que cifras, entretenimiento y pantallas.” Quizás el Purgatorio responda. Mientras tanto, ubica cada palma de tus manos en cada uno de tus glúteos, de tus nalgas, y empuja. MUÉ – VE – TE. Abandona el sofá, el sedentarismo engorda, YouTube no es eterno ni ingenuo; y la indiferencia mata, también al indiferente.

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Comments
  1. Andrés Lee — Mar 10, 2026:

    El circo existe mientras haya quien aplauda a los payasos. Simpre será una chimba leer sus análisis, JuBiLo (ya casi se está volviendo mi única fuente de información).