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Esta guerra no duró 12 días

Resumen de la segunda semana de la guerra de agresión contra la República Islámica de Irán

8 al 15 de marzo de 2026

La segunda semana de la guerra de agresión contra Irán desmintió la ilusión de una guerra relámpago. Frente a la furia destructiva de los agresores, que revelaba su falta de estrategia de largo aliento, Irán desplegó una guerra asimétrica con inventario claro: atacar los puntos neurálgicos del enemigo, cerrar el estrecho de Ormuz como arma energética y exponer la fragilidad de las megalópolis del lujo. Mientras tanto, en Cisjordania, la violencia genocida-colonial se intensificaba, dejando en evidencia que el despojo —no la defensa— es el verdadero motor de la agresión.

1. El espectáculo que se alarga

Occidente ha aprendido a consumir y disfrutar la guerra como un producto más de la industria del entretenimiento. También lo ha hecho con el amor, con la esperanza y hasta con la solidaridad. No debe sorprendernos. La guerra de 12 días contra Irán a mediados del pasado 2025 obedeció a ese formato: fue lo suficientemente larga para demostrar poder, lo suficientemente corta para no cansar, mucho menos preocupar. Pero la segunda semana de este conflicto abierto —bombazos van y vienen sin esperanza de que cesen— trajo consigo una revelación incómoda: esta guerra no parece cansarse; o, dicho de otro modo, no muestra síntomas de calmarse, más bien de todo lo contrario. Ahora bien, si un espectáculo se prolonga más allá de lo previsto, corre el riesgo de dejar de ser entretenimiento. El público, acostumbrado a la velocidad urgente de los titulares, al vertiginoso ritmo de hechos descontextualizados en secuencia continua en ajenos territorios, comienza a experimentar algo para lo que no fue entrenado: el agotamiento de nuevo contenido. Es desagradable, en estos tiempos, “repetir un capítulo repetido”. «Que la vida está para las novedadades», dicen; y «si dedico tiempo a las pantallas es para desentenderme de mis cotidianas miserías», ¿no?. Así que este peligroso agotamiento amenaza con desmoronar la complicidad pasiva que la guerra corta nos permitía mantener.

2. Dos lógicas, dos campos de batalla

Después del primer choque y las fanfarrias triunfalistas del bando agresor tras violar la Carta de la ONU entera, esta segunda semana de la guerra nos permite distinguir con cierta claridad los campos de batalla que cada bando ha elegido para responder. Por una parte, Irán ha desplegado una guerra asimétrica con inventario de objetivos estratégicos claro: radares y bases militares estadounidenses en el Golfo (lo que, para un buen observador puede significar que Irán no quiere extirpar a Israel de Medio Oriente, sino cortar los suministros y las posibilidades que la presencia invasora en la región tenga), cierra de facto el estrecho de Ormuz a los buques de países agresores —transformando un conflicto regional en una potencial crisis energética global— y golpea donde más duele a los gobiernos colaboracionistas: en su certeza de seguridad y en su disfraz de neutralidad.

Por otra parte, EE.UU. y la entidad sionista muestran una estrategia reactiva, marcada por la contradicción interna: Israel busca un cambio de régimen duradero, pero ante todo destrucción en nombre del supremacismo que disfrazan de ideología o plan de gobierno; Washington parece querer un golpe rápido que le permita negociar desde una posición de fuerza; pero ¿acaso sabemos quién es quien gobierna realmente en Washington? La ley permite la compra de políticos por intereses privados, por lo que es difícil saber realmente a quien atribuir la responsabilidad de las decisiones que se llevan a cabo.

El resultado de la agresión, hasta el momento, es una campaña de bombardeos que, a pesar de su poderío, causa una alta mortalidad civil (1.464 muertos en el primer mes, incluidos 217 niños) y me lleva a pensar si, más que ante una potencia económica-militar, estamos ante un chimpancé borracho conduciendo un avión caza cargado de bombas nucleares.

¿Podrán nuevos actores sumarse? Los países del golfo Pérsico, atacados por Irán, ya tienen una razón para atacar también. O al menos para seguir financiando, sin pudores, a las potencias invasoras. Pero, pese a ser una guerra de agresión comenzada por EEUU e Israel, ¿saldrá la otan o la Unión Europea en defensa de los agresores? ¿Tienen con qué? ¿Se les cae la narrativa si apoyan a un país que está cometiendo los mismos crímenes con los que acusan a la Federación de Rusia? Y, en cuanto al otro bando, ¿qué puede esperarse del Partido de Dios del Líbano (Hezbolá) o de Ansarallah y los inquebrantables hutíes. ¿Entrarán en escena?

3. La pista que desnuda el motivo: Cisjordania y el sur del Líbano

En Cisjordania y el sur del Líbano, desde antes del estallido de esta guerra, esta guerra se conoce. Mientras los reflectores apuntan a Teherán, la violencia colonial se intensifica en Cisjordania: colonos armados atacan comunidades, roban ganado, amenazan de muerte a familias frente a sus hijos, con total impunidad. Y en el sur del Líbano, Israel prepara una invasión terrestre —cuyos primeros movimientos se deciden durante esta segunda semana— aplicando la misma lógica que en Gaza: destrucción masiva, desplazamiento forzado, prohibición de retorno. Limpieza étnica, dirán algunos. Supremacismo en acción, también se puede llamar. Estos frentes no son periféricos ni accidentales. Son la expresión, en pequeña escala, de lo que la guerra contra Irán pretende consolidar a nivel macro: el despojo, la expansión territorial, la eliminación de poblaciones que estorban al proyecto de concentración de recursos. Dicho más claramente: aún, para este momento, no está clara la justificación de los ataques de agresión de EEUU e Israel. ¿Fue por que pueden desarrollar armas nucleares? Esa es una amenaza identificada desde hace al menos 30 años (40, según Netanyahu); así que eso no resuelve del todo la cuestión del por qué hacerlo ahora. ¿Tienes misiles de largo alcance, armas de destrucción masiva? Sí, es posible, al igual que las potencias que los agreden, lo que, tras el ataque, deja entrever que es importante tener con qué defenderse de quienes quieren derrotar al contrario no por mérito propio, sino por desarticulación de toda respuesta contraria. ¿Son un régimen teocrático autoritario? Puede que sí, al igual que Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, Emiratos Árabes y Jordania. Lo que no cuadra es que, entonces, después de Irán, ¿las fuerzas agresoras dedicarán sus ataques a los países del Golfo Pérsico que se presentan como aliados? Puede que el universo sea una misma historia, con versiones micro y macro, que se entretejen desde lo menor a lo mayor. Si es así, lo que ocurrió esta semana en Cisjordania y en el Líbano es un ejemplo en pequeña escala de una cuestión que, a nivel macro, se está disputando en esta confrontación. En ese sentido, Hezbolá y la Guardia Revolucionaria Iraní, pese a estructurales diferencias, han logrado articularse y presentarse ante el mundo como respuesta ante ataques que, desde el supremacismo de base falaz, pretenden su exterminio, o al menos su dispersión.

4. ¿Saldremos vivos de este espectáculo?

Dice la Ley del Entretenimiento: "El espectáculo debe continuar". Pero, ante esta situación, ¿hasta cuándo? Esta segunda semana dejó claro que esta guerra no durará 12 días. Tampoco durará 12 semanas, salvo que haya un cambio radical en la correlación de fuerzas. Y mientras se alarga, la distancia que permite consumirla como espectáculo se va acortando. La crisis energética golpea economías que antes se sentían a salvo. Los frentes se expanden. La cuenta atrás, silenciosa, avanza. Por ahora, la guerra sigue estando "lejos". Pero "lejos" no es un estado permanente; es un intervalo; repito: una cuenta atrás. Y lo que se haga en ese intervalo —seguir mirando o moverse— determinará no sólo quiénes seremos cuando termine, sino si saldremos con vida de lo que ya ha comenzado a ser, para muchos, una experiencia directa, no un espectáculo de lucecitas por una pantalla. Así, visto lo visto, sabiéndonos encerrados en este circo macabro, en un mundo interconectado, interdependiente, ¿saldremos vivos de este espectáculo? No saldremos indemnes. No seremos ya nunca más quienes fuimos antes de ver las escenas que este conflicto ya generosamente nos ofrece.

Gracias, de verdá, por tu lectura. Te escucho en comentarios.

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