Resumen geopolítico de la semana del 26 de abril al 2 de mayo de 2026
La diplomacia es un medio a través del cual pueden fluir las relaciones entre los Estados. También entre las personas. No es, por supuesto, el único medio; y para participar en él basta con no ser un actor irrelevante.
En el ámbito geopolítico actual es difícil encontrar un Estado que pueda caracterizarse como 100% irrelevante. Incluso siéndolo, no lo será por mucho tiempo, menos en estos tiempos tan cambiantes y acelerados.
Algo similar nos puede pasar en la vida. Vivir temporadas de insignificancia, de sentirse cero a la izquierda, ser quien representa el ÁRBOL 6 en la quinta escena del acto tres. No será agradable; tampoco, según mi experiencia, letal. Es parte del proceso, dirían. El caso es que esta semana, que aquí resumo amablemente para quien le interese, nos ofrece pistas acerca de lo que debe ser eso de sentirse insignificante. O mejor dicho, no de “sentirse insignificante”, sino de volver a probar el inconfundible sabor de la insignificancia, que tanto se parece al del licor del anonimato.
1. Lo que mostraron (y no mostraron) los medios oficiales sobre esta semana
Según los grandes medios occidentales —empresas que se lucran vendiendo información que a sus promotores o sponsors interesa difundir—, esto fue lo que pasó, a grandes rasgos, durante esta semana que aquí nos convoca:
Donald Trump sufrió un atentado en la cena de corresponsales de la Casa Blanca. Un ingeniero informático de California disparó en el exterior del hotel. Trump fue evacuado. Los invitados, en un gesto que alimentó titulares y comentarios en redes, se llevaron las botellas no descorchadas. El atacante fue detenido. Trump dijo que todo estaba bien, pero aprovechó para recordar que él es la víctima de una guerra que no buscó y de un Irán que no entiende razones. También aprovechó para decir que un episodio como el vivido jamás ocurriría en un salón de baile como el que él quiere construir en la Casa Blanca (que, según las malas lenguas, sería la tapadera para unos cuarteles centrales que funcionarían como puesto de mando y control tecnológico).
La guerra sigue, no en Irán, pero sí en el Líbano, con incursiones de las tropas sionistas y ataques defensivos con drones por parte del Hezbolá. Las negociaciones de Islamabad fracasaron. Trump canceló los viajes de sus enviados porque Irán, según él, padece "tremendas luchas internas y confusión". El secretario de Guerra, el presentador P. Hegseth, amenazó con "bloqueo y bombas" si Teherán no se rinde a las condiciones de Washington. El Departamento del Tesoro prohibió pagar peajes a Irán por cruzar el estrecho de Ormuz. Cualquier naviera que lo haga será sancionada, así no tenga nada que ver con Estados Unidos.
Irán, por su parte, cerró el estrecho, atacó buques y amenazó con represalias. Según esta versión, un régimen irracional está estrangulando la economía global sin motivo. Los malos son ellos. Los buenos, los que evacúan presidentes y decomisan botellas. Se olvidan de decir que quien inició esta agresión fue Estados Unidos el pasado 28 de febrero. Antes de ese día, el estrecho de Ormuz permitía el tránsito libre y gratuito de toda embarcación.
En otras noticias, el rey Carlos III visitó Washington. Tomó té, regaló colmenas, cenó con Trump. La prensa destacó la elegancia del protocolo y la importancia de la relación transatlántica. No se dijo mucho sobre el hecho de que el gobierno británico —el que responde ante el Parlamento, no el que toma té— se haya negado a participar en el bloqueo contra Irán.
En Malí, un ataque terrorista mató al ministro de Defensa. La noticia duró unas horas y fue reemplazada por otras más urgentes. Y en América Latina, la CEPAL recortó previsiones de crecimiento, Bolivia se fragmentó en las urnas y en Colombia un atentado con carrobomba dejó siete muertos en Cajibío. Nada de esto ocupó las portadas.
Eso fue lo que viste; también algunas cosas que no pasaron por tu feed.
2. Emiratos Árabes Unidos abandona la OPEP
Hubo una noticia que sí se vio, pero que no sé si se leyó bien. Mejor dicho: si se leyó sólo en clave económica y no tanto en clave geopolítica.
Emiratos Árabes Unidos anunció que, desde el 1ero de mayo de 2026, abandona la Organización de Países Exportadores de Petróleo. El argumento oficial habla de diversificación energética, de nuevas prioridades, de mirar hacia el futuro. Pero el gesto es otro. Salirse de la OPEP en plena guerra por el control del estrecho de Ormuz, con el crudo convertido en arma y en botín, es un posicionamiento clarísimo: estamos del lado de Washington y de Tel Aviv. Y, como puede suponerse en una petromonarquía, la decisión fue tomada sin consultar a la ciudadanía. No es un movimiento sin riesgos. En el Golfo Pérsico, donde las distancias se miden en kilómetros y las lealtades en décadas, ponerse la camiseta de aliado estadounidense tiene consecuencias. Si las hostilidades se reanudan —si el "bloqueo y bombas" con que amenazó esta semana P. Hegseth (secretario de Guerra de EEUU) se hace realidad—, Emiratos puede convertirse en la diana de los primeros ataques iraníes. ¿A nombre de qué? ¿Acaso Estados Unidos estaría dispuesto a hacer lo que los emiratíes están dispuestos a hacer y a padecer?
Hay quienes se llevan las manos a la cabeza en las capitales del Golfo. Porque saben que cada movimiento en este tablero se paga. Y Emiratos acaba de hacer uno muy grande. La pregunta que flota es si Riad, Doha o Mascate seguirán el mismo camino, o si prefieren el silencio ambiguo de quien no quiere ser ni diana ni escudo. O si quizá estén considerando seriamente que con quien hay que negociar es directamente con Irán, porque EEUU ya no es garantía de nada bueno.
3. Nadie soporta sentirse insignificante por mucho tiempo
Volvamos a la pregunta del principio. ¿Alguna vez te has sentido irrelevante?
Si respondiste sí o no, igual puede servirte saber que esa sensación no es eterna. También pasa. Nadie la soporta para siempre. Algunos se repliegan. Se encogen. Se convencen de que no hay nada que hacer y dejan que el mundo gire sin ellos. Otros estallan sin dirección, con furia, sin saber bien contra quién. Y otros —los que han entendido que la irrelevancia no es una condena sino una condición que se puede revertir— actúan.
Esta semana, en la penumbra de los reflectores, vimos a varios de esos actores. Pakistán, ignorado por Trump pero indispensable para todos, mantuvo abierto el canal de mediación incluso cuando los grandes se retiraron. El canciller iraní Araghchi no se quedó esperando a que Washington lo invitara: se fue a San Petersburgo (Rusia), a Islamabad (Pakistán), a Mascate (Omán). Y simultáneamente, el Parlamento iraní avanza en una ley para reglamentar el paso por el estrecho de Ormuz conforme al derecho internacional. No es un cierre a la fuerza, es un acto de soberanía, como el de Turquía en los Dardanelos.
Parece que la actualidad busca enseñarnos que no hay que ser superpotencia para gozar de protagonismo. Quienes protagonizaron los titulares de los medios occidentales son los actores de siempre, con el maquillaje cada vez más cuarteado. Mientras los reflectores los cobijaban, hubo otros que con sigilo se movieron para garantizar respaldos. Sin espectáculo. Sin tuits en mayúsculas. Sin botellas descorchadas. Actuaron como quien se cansó de ser irrelevante y decidió hacer algo al respecto.
La pregunta que queda flotando no es qué harán ellos. Es qué haremos nosotros, los eternos irrelevantes de la geopolítica. Porque ese momento llega. Siempre llega. Y cuando llegue, ojalá recordemos que la diplomacia real —la que no hace ruido, la que no da titulares, la que no se anuncia con bombos ni platillos— siempre ha ocurrido, y sigue ocurriendo, en otra parte, como la vida, según aquella novela de Milan Kundera.