Resumen de la semana del domingo 3 al sábado 9 de abril de 2026
INTRO
Las palabras ‘imperio’ y ‘mérito’ comparten cinco letras; también, si nos acercamos, su relación puede ser estrecha: el mérito impera; y no hay imperio sin mérito.
Más allá de esto, que suena un poco a juego de palabras, durante la semana que este resumen abarca, hemos visto cómo la primera potencia mundial insiste con ser la más poderosa, mientras otros países y potencias emergentes, sin tanta alharaca, van haciendo sus jugadas, demostrando qué es eso de ser soberanas, compartiendo el afán con la superpotencia mundial, pero con la esperanza de que el tiempo, ahora sí, les corre a favor.
1. El imperio incólume (pero no hablemos de ciertas vértebras)
Si aún crees que el sueño americano es tan sólo un sueño es porque no conoces la tierra de la libertad donde, quien trabaja, recibe su recompensa y logra saciar su apetito, mientras ve crecer a su próspera familia. Si crees que eso es un sueño, te equivocas. Es lo que es Estados Unidos de América, la nación más esplendorosa que ha parido este planeta en más de 30 o 300 siglos, da igual, porque aquí lo importante es vivir convencido de que no hay opción mejor. Por eso es un sueño manufacturado como realidad. Es Estados Unidos de América (que suenen las fanfarrías). Y quien no quiera reconocerlo, pues es porque es "enemigo existencial".
Esta semana, como todas, el imperio nos ha concedido nuevas muestras de su incuestionable grandeza. Veamos.
Primero: la paz en Ucrania. El viernes 8 de mayo, el presidente Donald Trump anunció un alto el fuego de tres días entre Rusia y Ucrania con motivo del Día de la Victoria. La tregua incluiría un intercambio de mil prisioneros de cada bando. "Esperemos que sea el principio del fin de una guerra muy larga, mortífera y difícil", declaró el mandatario. Ucrania ordenó a sus fuerzas no atacar el desfile del 9 de mayo en la Plaza Roja. El Kremlin aceptó. La diplomacia estadounidense, una vez más, obró el milagro de convencer a los dos enemigos de respetar una decisión ajena.
Segundo: la Operación Proyecto Libertad. Anunciada el domingo 3 de mayo y en vigor desde el lunes 4, esta iniciativa naval buscaba "guiar" a los buques mercantes a través del estrecho de Ormuz para restablecer el libre flujo del comercio global. Una célula de coordinación recopilaría información de navieras, aseguradoras y ejércitos aliados para recomendar rutas seguras. Era la respuesta proporcionada y quirúrgica de Washington al desafío iraní: ni un bloqueo indiscriminado ni una guerra abierta, sino una operación de precisión para proteger la economía mundial. ¿Qué podía salir mal?
Tercero: la respuesta firme a la agresión iraní. El viernes 8 de mayo, cuando las fuerzas iraníes supuestamente osaron atacar un buque de guerra estadounidense en el Golfo Pérsico, la respuesta no se hizo esperar. Washington replicó de inmediato contra centros de "mando y control" iraníes. El presidente Trump, con su característica moderación, calificó los bombardeos de "golpecito de amor" y aseguró que el alto el fuego "sigue en pie". Una demostración de fuerza y autocontrol que solo una superpotencia madura puede permitirse. Las autoridades iraníes presentaron un relato totalmente diferente: ellos, desde el 28 de febrero, no han hecho sino defenderse de agresiones no provocadas.
Cuarto: la reubicación estratégica de activos militares. El imperio no se anquilosa. Trump anunció la retirada de cinco mil soldados de Alemania, en lo que su administración presenta como un reposicionamiento dinámico de fuerzas desde el viejo continente hacia escenarios más urgentes. Los aliados europeos han sido informados.
La OTAN comprende. La maquinaria militar estadounidense se adapta con la agilidad que sólo el líder del mundo libre puede desplegar. En la Unión Europea nadie se quejó de esta transferencia de fuerzas militares. Será porque ya asumieron que están en proceso de abandono.
Quinto: la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP. No es un logro militar, pero sí diplomático. Desde el 1 de mayo, EAU abandonó la Organización de Países Exportadores de Petróleo, alineándose inequívocamente con Washington y Tel Aviv. Una petromonarquía clave del Golfo elige el bando correcto de la historia. El mensaje es claro: el que no está con nosotros, está contra nosotros. Esto, además, le permitiría a los EÁU vender a precios que el mercado no establecer. Puede funcionar, mientras tales Emiratos Árabes Unidos tengan cómo refinar y entregar el combustible que ofrecen.
Así es el imperio en su semana gloriosa. Triunfos en todos los frentes. Músculo, diplomacia y visión estratégica. ¿Quién podría dudar de su grandeza? O quizá mejor sería preguntarse: ¿Quién puede aún creerla?
2. Cómo sonar convincentes (aunque sea a base de miedo)
Mientras el imperio muestra su presunta mano amable —diplomacia, paz, prosperidad, democracia, mercado internacional, etc.—, la otra mano se mueve en las sombras. Es la mano que empuña el miedo. Porque, como decía aquel egregio neurólogo, “el miedo convence a las células”.
Esta semana vimos esa estrategia en acción, sobre todo en el llamado por los gringos como “Hemisferio Occidental”, que resulta menos ofensivo que la expresión "patio trasero", para llamar a un territorio y a una población que excede en número, diversidad y cultura a aquella que habita ese país del norte que nombre propio no tiene. Aún así, veamos cómo incidió en algunos países del continente americano:
En México, el escándalo de la CIA estalló con fuerza. Dos agentes estadounidenses murieron en un accidente en Chihuahua el pasado 19 de abril mientras realizaban labores de inteligencia sin permiso del gobierno federal. La investigación reveló que entraron como simples turistas y que la gobernadora María Eugenia Campos les abrió las puertas de la estratégica Torre Centinela. La presidenta Claudia Sheinbaum alzó la voz: "La soberanía no es negociable". Pero el miedo está sembrado: ¿qué otras operaciones encubiertas estarán ocurriendo en territorio mexicano sin que nadie lo sepa? ¿Será momento de revivir, como crimen de lesa patria, la “traición”?
En Cuba, la amenaza se llama asfixia. El 1 de mayo, Trump firmó una orden ejecutiva que impone sanciones secundarias a cualquier entidad extranjera que opere en los sectores de energía, defensa o finanzas de la isla. El presidente Miguel Díaz-Canel lo llamó "castigo colectivo". Y por si la economía no bastara, Trump insinuó que el portaaviones USS Abraham Lincoln podría "detenerse a 100 metros de la costa" para que el gobierno se rindiera. La amenaza militar y el bloqueo financiero se dan la mano para enviar un mensaje a todo el hemisferio: quien no se alinea, será estrangulado o aplastado. Es un perro que, sabiéndose herido por su propia voracidad, no deja de ladrar, así haya perdido ya algunos colmillos.
En Bolivia, el gobierno que lleva escasos 6 meses no ha entendido como gestionar el caos. De ahí que no resulte extraño que parezca poseído por el miedo. Las protestas contra el presidente Rodrigo Paz —un aliado de Washington— no dejaron de crecer. La Central Obrera Boliviana y los campesinos declararon un paro general exigiendo su renuncia como única opción para avanzar en la negociación. Ahí se ve que hasta la derecha ha de enfrentar el escenario de alcanzar la Presidencia del país sin que eso signifique detentar el poder sobre el territorio gobernado.
La inflación y la escasez de combustible, hijas de la crisis energética global, volvieron a ser el detonante. Pero el imperio no está dispuesto a perder una pieza en su tablero. Marco Rubio expresó su "apoyo firme" a Paz, demostrando que, en la nueva Doctrina Monroe, los aliados se defienden con uñas y dientes, sin importar cuán impopulares sean. Habrá que ver cómo reaccionan los pocos aliados locales al presidente Paz que le van quedando. En el diccionario también pueden hallarse palabras incluso más bonitas y tranquilizadoras que las emitidas por el “rubio gusano”.
Así es como el imperio busca sonar convincente. Si no basta con el sueño, se prueba con la amenaza. Si la amenaza no es suficiente, se pasa a la acción encubierta o a la asfixia. A fin de cuentas, si nada de esto sirve, se está ante el imperio mejor armado y pertrechado de la historia, ¿no? Eso debería ser suficiente para convencer de dejarse dominar, salvo que la duda, como virus capaz de reírse la muerte, entre en acción.
3. La resaca: cuando el triunfo no merecido pasa factura
Hasta aquí, el relato oficial. Pero todo imperio que se precie de tal tiene sus descosidos. Y esta semana, las vértebras doloridas del coloso empezaron a notarse más de lo que a sus portavoces les gustaría.
Empecemos por el alto el fuego en Ucrania. Trump lo anunció como un éxito diplomático. La realidad fue otra. El sábado 9 de mayo, el primer día de tregua, Rusia denunció 8.970 violaciones ucranianas en la zona de operaciones. Ucrania, por su parte, reportó 51 ataques rusos en Sumi, Kursk y otras zonas. La tregua nació muerta. Pero la foto ya estaba tomada: un presidente estadounidense que "logra" sentar a dos enemigos a la mesa, aunque la mesa esté ardiendo.
Sigamos con la Operación Proyecto Libertad. La gran apuesta para reabrir el estrecho de Ormuz resultó ser una célula de coordinación sin escolta militar real. El jefe de Operaciones Navales, almirante Daryl Caudle, declararía semanas después que una misión de escolta en un estrecho disputado "excedería la capacidad de la Armada". Traducción: no podemos. Más claro: No hay cómo. Pero mientras tanto, la operación sigue "en marcha" y los comunicados oficiales hablan de "progresos significativos". La propaganda, como la tabla de un barco naufragado, debe seguir flotando, para que su testimonio sea tenido en cuenta.
La respuesta firme a la agresión iraní del 8 de mayo fue otro espejismo. Trump llamó "golpecito de amor" a los bombardeos contra Irán, una frase que habría hecho sonrojar a Maquiavelo. Pero el estrecho sigue cerrado. El tráfico marítimo sigue bajo mínimos. Y el sábado 9, Irán anunció un "nuevo dispositivo jurídico" para regular el paso por Ormuz, bajo los principios del Derecho Intenacional. Mientras Washington presume de músculo, Teherán legisla, legisla bajo parámetros que el mundo aún “civilizado” debería respetar y hacer respetar. El que controla el derecho, controla el estrecho.
La reubicación de tropas desde Alemania tampoco fue el gesto de flexibilidad estratégica que vendió el Pentágono. Fue una represalia contra los aliados europeos que se negaron a cargar con más peso en la guerra, en primera instancia. Pero visto en un marco amplio, evidencia que la falta de tropas y armamento de EEUU en Oriente Medio no es un rumor de pasillo. De ahí estas acciones.
Y luego está la salida de EAU de la OPEP. Un éxito diplomático, sí. Pero también un riesgo. Porque Emiratos, al alinearse tan descaradamente con Washington y Tel Aviv, se convierte en diana. Y si las hostilidades se reanudan, el "golpecito de amor" de Trump puede convertirse en un problema muy serio para Abu Dabi. Los socios del Golfo lo saben. Y no todos están dispuestos a pagar ese precio. Además, pareciera como si los EÁU tuvieran ya resuelto como sacar sus combustibles fósiles al mercado internacional sin verse afectados por el cierre de Ormuz. En tierras desérticas, a eso le llaman: “confiar en espejismos”: Así es la resaca del triunfo inmerecido. Las victorias se anuncian, pero no se consolidan. Los enemigos se declaran vencidos, pero siguen legislando, comerciando y resistiendo. Y el imperio, mientras tanto, ladra, se sacude, muerde a los aliados acostumbrados a alimentarlo. Porque sabe que está herido. Y porque, como decía el neurólogo, el miedo sirve para convencer. Pero sólo hasta que el miedo cambia de bando.
4. La otra realidad: lo que el imperio no cuenta
Mientras Washington celebraba sus triunfos, otra realidad discurre por canales menos ruidosos. Una realidad que no cabe en los tuits del presidente ni en los comunicados del Pentágono, pero que existe. Y que, semana a semana, va tejiendo un orden que ya no depende de lo que el imperio diga o deje de decir.
En Irán, el canciller Seyed Abbas Araghchi no se quedó esperando a que Washington lo invitara a negociar. Se fue a San Petersburgo, a Islamabad, a Mascate (capital de Omán). Reunió apoyos, consolidó alianzas, tejió una red de interlocutores que no pasa por Bruselas ni por la Casa Blanca.
Simultáneamente, el Parlamento iraní avanzó en una ley para reglamentar el paso por el estrecho de Ormuz conforme al derecho internacional. No es un cierre caprichoso: es un acto de soberanía. Como el de Turquía en los Dardanelos. Como el de cualquier Estado que controla una vía marítima estratégica. El sábado 9, el responsable militar Mohamad Akraminia lo dijo con todas las letras: "Se ha establecido un nuevo dispositivo jurídico y de seguridad en el estrecho". El que quiera pasar, que se coordine con Teherán. El imperio puede llamarlo "extorsión". La ley internacional lo llama "derecho de paso inocente". Y la diferencia entre una palabra y otra es, precisamente, lo que está en disputa.
En Pakistán, el primer ministro Shehbaz Sharif y el jefe del ejército Asim Munir mantuvieron el canal de mediación abierto incluso cuando Trump canceló los viajes de sus enviados y declaró que todo era "una pérdida de tiempo". Pakistán no es una superpotencia. No tiene portaaviones ni derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Pero ha sido el único actor que logró sentar a las partes, aunque fuera en salas separadas. Su relevancia no se mide en megatones, sino en paciencia. Y en un mundo donde el imperio grita y amenaza, la paciencia es un arma subestimada. Quizá el sueño que va tomando fuerza no sea el de consumir sin límite, sino el de evitar, a toda costa, ver bombardeada la ciudad que se habita.
En América Latina, mientras Washington apretaba las tuercas a Cuba y respaldaba a un presidente boliviano en apuros, los pueblos hacían lo que los pueblos suelen hacer cuando el miedo no alcanza: resistir. Las calles de La Paz siguieron bloqueadas. Las organizaciones sindicales mantuvieron su exigencia de renuncia. El canciller cubano Bruno Rodríguez llamó a los "parlamentarios del mundo" a alzar la voz. Y en México, la presidenta Sheinbaum repitió una frase que, en boca de un país que ha sufrido más intervenciones de las que puede contar, suena a declaración de principios: "La soberanía no es negociable". Igual, siempre habrá quien prefiera creer que y la historia se acabó y que la cuestión de fondo es l contenido que habrá de entretenernos tras una jornada más de extenuante explotación cotidiana.
5. Breve reflexión (o casi)
¿Qué busca un imperio en consciente decadencia? ¿Qué necesita una fiera hambrienta y herida para sentirse segura?
No necesita más armas: ya tiene más que nadie. No necesita más aliados: los que le quedan están por interés, no por lealtad. No necesita más territorio: ya no puede administrar el que tiene.
Necesita que los demás sigan creyendo en su fuerza, incluso cuando esa fuerza es ya solo representación. Necesita que el miedo no cambie de bando. Necesita que nadie se atreva a preguntarse si el emperador está desnudo, o si el perro que ladra no es, en realidad, un animal asustado que se sabe herido por su propia voracidad.
Porque el día en que la duda se instale —el día en que un país no considerado potencia cierre un estrecho sin pedir permiso, en que un mediador paciente sea más útil que un portaaviones, en que una multitud bloqueando una carretera le recuerde al imperio que no todo se compra con sanciones ni se aplaca con amenazas—, ese día, el triunfo inmerecido habrá terminado de pasar su factura. O tal vez no. Quién soy yo para decir cuándo acabara de cobrarse lo que cuesta el triunfalismo exacerbado.
Igual, la resaca, esa persistente resaca, sigue. ¿Habrá que ofrecerle a Trump un caldo de costilla o de birria, y 36 horas de sueño cómodo para que replantee su estrategia?
Gracias por leer hasta acá. Contesto todo comentario.
¿Qué efecto puede tener el derecho cuando su ejercicio está supeditado a la fuerza de un actor que se lo pasa por la raja? ¿Realmente podemos guardar alguna esperanza en el esfuerzo legislativo? Es loable y demuestra inteligencia, pero supongo que me gana el pesimismo.
Gracias, anónimo/a por tu comentario. Es verdad, la ley de nada sirve si la fuerza de una súper potencia es usada precisamente para demostrar que está por encima de toda legislación. Queda igual el registro histórico y la posibilidad de que, más adelante, cuando tal súper potencia sucumba, se podrán juzgar como es debido todos y cada uno de sus crímenes.